Frescura de la tarde
Esta tarde ha sido todo un espectáculo de belleza, la tierra está fresca, pintada de piedras que sueñan el movimiento. Y ni hablar de la brisa, se balancea como en una fiesta de risueños infantes, coqueta y galana, se detiene y de súbito arremete como un retoño travieso. Las hojas se ríen locas igual que niñas de risas menudas, luego en la transparencia del espacio florece un silencio silvestre que arrastra una tranquilidad muy atrevida.
La ventana
Hay un viento de ayer que sopla en la memoria, acude a mi recuerdo la voz de una niña sentada en la brisa. Veo las calles de una ciudad hambrienta que se pierden entre los caseríos que terminan a la orilla del río. Hay una iglesia abandonada y la calavera de un mendigo en la puerta, que aún suspira.
En invierno
Es el invierno en una tierra perdida de todo recuerdo, afuera hay una estatua que padece frío, puertas ni abiertas ni cerradas, hay un silencio que no lo escucha nadie y un niño muy triste que muere.

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