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De la esquina se ve todo: seres y «paraseres»

  Críticos de hoy consideran que la novela ya no está comprometida con los grandes temas de la humanidad, sino que se sumerge en micromundos personales reveladores de espacios insospechados, creados por individuos inseguros o confundidos, en un mundo interconectado de muchas formas además de la electrónica y cuyas experiencias terminan evocando lo que en un principio se quiso esquivar, porque si algo no cambia es el mundo novelado, que la vida sea vida en su fluir desencadenante. Una novela, desde mi perspectiva, debe contar muchas historias alrededor de una historia que al final también será contada. No exijo mucho más de ahí, lo demás es estudio y talento. Creo también —y de ello existen ejemplos notables—, que hay novedades frecuentes en la manera de satisfacer esta pequeña exigencia narrativa, desde modas hasta creaciones cercanas a la originalidad, sin importar tiempo ni espacio, desde la “Novela de Genji”, unos mil años atrás en Japón, hasta nuestros días “Donde desde la esquina

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