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Dos sonetos y un romance

 


 


 

Visión de noche en alba


Cielo, la noche ha dorado su alba
llora luna sobre las cañas, cielo
ron de lágrimas, tan duro, que enalba
venas de negro camino hacia un vuelo

por donde pasa un pájaro que ralba
piel sembrada de rocío que afielo
en la gota constante y el alma zalba.
Mi agua flora, narcótica, que mielo.

Sigue así, noche, bajando sendero.
Llega luz en tus suelas blandas, ámame.
Funde sol y aguas. Enciende el tuero.

Ve, ilumina, despierta aseladero.
Exprime, cielo, la pereza y háblame.
Sueño estanque, mi luz abrevadero.


*** 

Voraz germinal
 

Un pez aletea en sueños de viejas resonancias
un ave boga aguas asaetadas por luceros
ese pez y esa ave, son heridas, son voceros
de la carne noche, de las púrpuras instancias
 
del cielo, su bóveda pulida por centellas, 
forjado en clásicas batallas de centauros.
Pez y ave, ave y pez, noches blancas, lunas luvias
alegóricas, cauce de sónicos veleros.
 
Una canción, un cuerpo, dos signos para una cruz.
Ese cielo labrado en maderas explosivas.
Esa canción, ese cuerpo, ese cielo, esa cruz.
 
Una explosión germinal, big boom, entera la luz
Ese pez y esa ave, fotones, y flores vivas
Ese aleteo de luz llovida, danza tornaluz.


***

Romance de Juan Caminero


Lucero de la mañana.
De la mañana lucero.

Alba y Luna marineras.
Cimeras, Luna y alba,
alba y luna, Marineras.

Lucero de vieja tarde
De vieja tarde lucero.

Búho y rama nocturama.
Nocherana, Rama y búho
Búho y rama, nocturama.


II

Venus lucero, la noche
entregas, Venus lucero
que de mañana reflejas

luz presea sola del cielo,
frío en los filos del aire
viejo aroma de la noche

aún fulgura y el Sol no vence.

Por el camino caminero
viene Juan Caminero

vendió su motor setenta
para pagar costosa renta

vendió al perro y un caballo
que pasta allá en el campo
bajo las noches propias de
millones de estrellas...

Por el camino caminero
viene Juan Caminero


III

prados de gris pavimento
se alzaron bajo amarillas
farolas como mil soles

pequeñitos, de juguete
mil y miles de ventanas
palpitaron noche arriba
noche abajo palpitaron.

Pero una luz no brillaba
—era la casa de Puljeria

un manotazo y otro más
—gritos a Juan de Puljeria

una herida y otra más
—sangró corazón Puljeria.

Largose Juan de madrugada
por el camino caminero
siguiendo la luz del lucero.

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Cuatro poemas sobre el cuerpo...

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Un soneto

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