Lunes,
primogénito,laboriosidad temprana,
hierro de los pasos que se hunden,
resacas encalladas en el cuerpo,
cabeza de los días
y vanguardia industrial del mundocidio.
Lunes flor de hidrocarburo,
obrero milenario de horas sin placeres,
resequedad de amor y fastidio de la espera.
Martes,
otro más que duele
esqueleto de duros momentos que te mofan,
rutina que trota entre las piedras,
cuello de los días colgado al árbol tedioso
de la pobreza.
Hambre y sed en la mirada,
martes ruido de ciudad
y sombra de buitre sobre el asfalto.
Miércoles,
anillo de plomo,
escombros de palabras en la mente,
cola de perros entre las piernas,
mosca azul del desamparo,
teléfono que suena y nadie contesta,
arcabuz al pecho y máquina contestadora.
Jueves,
catapulta ciega, meteoro,
triángulo de cuatro calabozos,
sudor de herrero,
abdomen de los días con un puñal en el ombligo,
sangre, sutura;
jueves, camposanto, oreja de muerto en la tierra
y sorda voz de la muerte que camina.
Viernes,
ansiedad, espuma aprisionada,
volcán de los placeres conteniéndose al desnudo
de la libertad;
desesperado, rodilla de los días
que se hinca frente al reloj.
Húsar de la gran batalla nocturna, avasallante,
viernes proyectil irracional que se dispara,
viernes fuego y pirotecnia.
Sábado,
pecado y minifalda,
exceso de cebada en las neuronas,
pequeño carnaval que alucina pesadillas.
Metal precioso, vino fermentado bajo la lengua,
torrente mineral de los placeres,
sudor de pieles en la cama.
Domingo...